El viaje del Argos

Las memorias de Klatuu

Portada de «El viaje del Argos: Las memorias de Klatuu»

Madrid, febrero de 2001. Un joven universitario llamado Alberto Jiménez, es testigo de la caída de una extraña aeronave. Entre sus restos hay un único e imposible superviviente: un alienígena. A partir de ese momento, se ve convertido en el centro de atención de dos grupos que utilizan tecnología desconocida e incluyen extraños personajes en sus filas. Perseguido por unos y protegido por otros, Alberto guarda en su cabeza una información muy valiosa: las memorias de Klatuu.

«Las memorias de Klatuu» es una space opera de acción, donde no faltan ingredientes clásicos del género, como batallas espaciales, civilizaciones alienígenas, inteligencias artificiales, e incluso un viaje en el tiempo. No sólo hay persecuciones e intriga, sino que también hay tiempo para alguna reflexión. Todo ello sin descuidar la verosimilitud científica. No en vano, llevo una década con el blog MalaCiencia, donde señalo errores de este tipo en obras de ficción.

En la novela se pueden descubrir numerosas influencias, tanto de los grandes clásicos de la ciencia ficción audiovisual, como del cómic. Hay referencias deliberadas y guiños al lector, que un aficionado al género sabrá identificar rápidamente. Un pequeño juego con el que espero disfrutéis.

«Las memorias de Klatuu» es la primera novela de la saga «El viaje del Argos», pero eso no quiere decir que termine en un cliffhanger, podéis estár tranquilos. El libro se puede leer como obra única e independiente. Podríamos compararlo a los episodios piloto de hora y media de las series de los 70 y 80, que podían disfrutarse tanto como pistoletazo de salida, o como película aislada.

Alfonso de Terán Riva

Hasta donde puedo recordar, la ciencia ficción siempre me ha entusiasmado. Puede que todo comenzara la primera vez que vi «La Guerra de las Galaxias» (la original); o tal vez fuera debido a «Mazinger Z». No recuerdo qué fue primero, ya que era un niño que estaba aprendiendo las tablas de multiplicar. Pero todo comenzó más o menos por aquel entonces. Veía todo lo que podía (que en aquellos años, con dos canales de televisión y seis salas de cine, no era mucho), ya fueran grandes clásicos como «Galactica», o cutres refritos como «Star Crash».

Recuerdo también que siempre me ha gustado leer (bueno, supongo que sólo me gusta desde que aprendí a hacerlo). Al principio, eran libros orientados a niños, con más dibujos que texto en sus páginas, y sobre todo de corte divulgativo, que fueron los responsables de mi interés por la ciencia. También devoraba cómics, sobre todo de superhéroes (Spiderman y La Patrulla X eran mis favoritos, mucho antes de que se pusieran de moda). Pero fue la ciencia ficción la que por primera vez me hizo disfrutar de la lectura de una novela, sin dibujitos en sus páginas.

De forma paralela, ya desde niño sentí la necesidad de crear mis propias historias. Así que dibujaba y escribía cómics, para mi disfrute personal. Tenían la misma temática que me gustaba leer, y por supuesto, eran propios de un niño. El dibujo y las historias mejoraron a medida que yo crecía, y seguí dibujando incluso en mis años de universitario, pero nunca llegué a tener el suficiente nivel para atreverme a enseñarlos fuera de mi círculo familiar más cercano.

En 2001, ya casado y trabajando como desarrollador de software, antes de empezar mi aventura con el blog MalaCiencia, comencé a escribir «El viaje del Argos: Las memorias de Klatuu». La idea ya rondaba en mi cabeza años antes, cuando estudiaba ingeniería de telecomunicaciones, y mis series favoritas eran «Star Trek», «Babylon 5», «Bola de Dragón», y «Los Caballeros del Zodiaco» (bueno, «Babylon 5» aún lo es). Descubriréis que me influenciaron mucho a la hora de escribir esta historia.

Y así, tras varias revisiones y cambios (algunos para evitar caer en los mismos errores que comento en MalaCiencia), aquí tenéis mi primera novela. Mi intención es que no sea la última.

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